Lo mejor: Un Brad Pitt en estado de gracia

Lo peor: Cierta estética videoclip en la narración del desarrollo de la liga de béisbol

Ni evasión ni victoria

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Por Nacho Gay

 Desde Evasión o Victoria (John Huston, 1981) a Invictus (Clint Eastwood, 2009) pasando por la inefable Jerry Maguire (Cameron Crowe, 1996), Hollywood ha sido capaz de construir todo un subgénero, más yanqui que una doble con queso, derivado de los avatares del mundo del deporte. Lo cierto es que el binomio victoria/derrota da para mucho cuando se plantea desde el césped de un estadio de rugby, fútbol o béisbol. Las vertientes para afrontarlo son múltiples: con dosis de épica (Evasión o Victoria), patriotismo (Invictus) o axiología demodé (Jerry Maguire). Pero casi siempre apostando por discursos gloriosos, claro.

Moneyball: Rompiendo las reglas también lo hace, pero introduce una variable fundamental: más que la victoria de un equipo, de unos valores o de una nación, narra la victoria de un solo hombre frente a todo lo establecido, de otro modo, frente al establishment. El film cuenta la historia real de Billy Beane, el manager de uno de los equipos más modestos de la liga de béisbol americana, el de Oakland, que a comienzos de la pasada década consiguió para su equipo el récord de victorias consecutivas aplicando un extraño método estadístico a la realización de fichajes y a la configuración de la alineación.
 
Nadie confió en Beane, un exjugador fracasado reconvertido en agente: ni el dueño de los Oakland ni el entrenador ni su equipo de ojeadores ni los periodistas especializados en la materia. Pero él se rebeló contra los grandes presupuestos aprovechando las leyes del mercado y de la lógica. En este sentido es imposible no comparar a Moneyball con La red social (David Fincher, 2010), pues ambas cintas comparten guionista, Aaron Sorkin, y en cierto sentido la historia es la misma: la de dos tipos que cambiaron sus mundos con innovadoras y arriesgadas propuestas.
 
Eso sí, el Beane cinematográfico no aguantaría un envite de Zuckerberg. La red social se expande, allí donde Moneyball se contrae. La cinta de Bennett Miller (Truman Capote) lanza un mensaje relativamente simple (lo importante es cómo jugar nuestras cartas en todos los tapetes de la vida), pero su director se ve incapaz de extrapolar de manera solvente las ideas que defiende el texto, del modo en que Fincher hizo un profundísimo análisis de toda una generación y de la estructura de la nueva sociedad a través de la figura de Zuckerberg.
 
El guión y la realización de Moneyball son tan sobrios, tan correctos, tan academicistas, que la narración no respira del todo. Es una película bien trenzada, bien interpretada por un Brad Pitt en estado de gracia, una cinta a ratos emocionante y, aunque narrativamente es algo dispersa, cuenta con diálogos de una factura intachable.
 
¿Qué ocurre entonces? Que al final (y la última secuencia tiene mucho que ver) a uno le queda la sensación de haber presenciado de nuevo la historia de ese hombre común americano que, empujado por su pony, ya saben, ese trauma freudiano del pasado que explica el comportamiento del 80% de los protagonistas del cine hollywoodiense, acaba haciendo algo grande.

4 .- Esta película requiere de dos requisitos para pasar de 2 a 4 estrellas: el primero y menor, ser americano; el segundo y principal, amar el deporte y si puede ser el béisbol.

Me da la impresión que el crítico no es una de esas personas que se pasan el fin de semana viendo deporte. Es sin acritud, pero es como que alguien a quien no le gustan los musicales puntúe uno.

percomo

03/02/2012, 11:25 h.

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3 .- Esta película requiere de dos requisitos para pasar de 2 a 4 estrellas: el primero y menor, ser americano; el segundo y principal, amar el deporte y si puede ser el béisbol.

Me da la impresión que el crítico no es una de esas personas que se pasan el fin de semana viendo deporte. Es sin acritud, pero es como que alguien a quien no le gustan los musicales puntúe uno.

percomo

03/02/2012, 11:25 h.

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2 .- Vi esta película hace ya varias semanas. Mi impresión fue que es una película muy americana, en el sentido de que trata algo muy, muy americano como el baseball. La película me pareció fantástica y la interpretación de Pitt, excelente. Jonah Hill [Superbad] realiza su papel de manera muy creíble y tenemos a un actorazo como Seymour Hoffman haciendo de manager [que no general manager, ése es Pitt] del equipo. Me encantó la historia, pero entiendo que el que no conozca el baseball o no tenga interés en el deporte profesional americano podría encontrar esta película aburrida o que no acabara de pillarle el punto. A mí me pareció formidable, la película, la historia, lo que subyace a la misma y las interpretaciones.

ortensio

03/02/2012, 10:41 h.

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1 .- Siempre preferiré ese estereotipo yankee que tanto le fastidia Sr. Gay al de las peliculas españolas, donde en el mayor de los casos reina el rencor, cainismo o cutrez, donde los mensajes resabiados rezuman decepción y falta de esperanza en el individuo [solo papa estado nos salvará].
Si esos estereotipos americanos no fueran exportables al resto del mundo, Hollywood no triunfaría a nivel global.
Que tenga un buen día

STEELY DAN

03/02/2012, 07:56 h.

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