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La fracasada redención de Gordon Gekko: de 'tiburón' sin escrúpulos a gatito de Angora

<EM>La fracasada redención de Gordon Gekko: de 'tiburón' sin escrúpulos a gatito de Angora</EM>

Michael Douglas y Shia LaBeouf en un fotograma de 'Wall Steet 2'.

@Nacho Gay - 07/10/2010

WALL STREET 2: EL DINERO NUNCA DUERME


Director: Oliver Stone.
Guión: Allan Loeb, Stephen Schiff (Historia: Bryan Burrough).
Música: Craig Armstrong.
Fotografía: Rodrigo Prieto.
Intérpretes: Shia LaBeouf, Michael Douglas, Carey Mulligan, Susan Sarandon, Frank Langella, Josh Brolin, Eli Wallach, Charlie Sheen.
Web de la película

Si Oliver Stone pretendía condenar algo parecido a la plutocracia en su primer acercamiento pedagógico a la zona cero de la avaricia, probablemente consiguió el efecto contrario. Toda una generación de yuppies heridos encontraron en el protagonista de Wall Street y en su máxima metafísica -“la codicia es buena”- el leitmotiv de la regeneración del maltrecho ego capitalista, tras la crisis de los ochenta. Si algún mérito hay que reconocer a aquella película, por lo demás algo sobrevalorada e inocua en su supuestamente trascendental subtexto, es la capacidad del realizador para hacer atractivo y fascinante a un tipo ciertamente despreciable, Gordon Gekko; una especie de Vito Corleone de los negocios, al que también se le perdonarían todos los cadáveres -en este caso financieros- que quisiera dejar a su paso.

La mayor virtud de Wall Street 2 es precisamente la misma que la de su antecesora. Michael Douglas, al que la Academia premió con un Oscar en 1988 por este papel, sigue entonando de manera ejemplar un discurso repleto de frases para la historia. Eso sí, el personaje ha perdido parte de su vehemencia reivindicativa a la hora de defender sin miramientos el status maquiavélico que rige el Dow Jones. Como un Mario Conde cualquiera, Gekko se ha convertido, tras su obligado paso por la cárcel por delitos de caciquismo financiero, en un defensor fervoroso del buenrollismo nihilista y desmitificador; un digno descendiente del Dalai Lama dispuesto a participar en un melodrama familiar de media tarde. De tiburón sin escrúpulos a gatito de Angora, sin solución de continuidad.
La cosa deja de tener cierta gracia porque, a diferencia de lo que ocurre en la primera entrega, el director y sus protagonistas defienden las mismas tesis. Todo son reproches al sistema. Por tanto, el discurso queda desprovisto de malicia y sátira. Poderoso caballero es don dinero, nos dice Stone. Pero eso ya lo sabíamos antes de pagar la entrada. Le compramos, eso sí, una suerte de metáfora malhumorada sobre la moneda y el timbre, “esas putas que nunca duermen”. Y algún que otro enfrentamiento dialéctico que nos devuelve al discurso de la primera entrega. “¿Cuál es tú límite?”, le pregunta el héroe de esta película al antihéroe. “More”, contesta éste.
Algunos pensarán que un cineasta como Oliver Stone carece de la autoridad moral suficiente para dar lecciones de alto contenido axiológico a los popes del establishment empresarial y a las masas alienadas que soportan la dictadura del dinero. Máxime cuando el propio director aparece en un par de planos de la película para testimoniar, en un ejercicio ridículo de codicia intelectual –puede que la codicia no siempre sea buena-, su condición de ciudadano consciente.
Pensarán que Stone está pasado de vueltas, sobre todo, aquellos que hayan reparado en la posibilidad más que factible de que el propio realizador haya tenido que suplicar, en los despachos de varios de esos tiburones capitalistas a los que detesta, los aproximadamente 70 millones de dólares que le ha costado su último capricho fílmico. Pero el realizador se cubre las espaldas con una coartada que le sirve a su vez para justificar la extraña redención de Gordon Gekko. Será el propio protagonista de la película quien afirme: “Todos tenemos nuestras contradicciones”.
Las del realizador de películas como Platoon o Nacido el 4 de julio no cabrían en una crítica de cinco o seis párrafos. De agitador relativo de conciencias en películas como J.F.K.: caso abierto, a revitalizador del sentimiento patriótico estadounidense en otras como World Trade Center, pasando por una última etapa de acercamiento a los grandes líderes de la izquierda latinoamericana que nadie entiende. Sirva este intento algo naif de explicar y condenar la reciente crisis bursátil como último ejemplo de su desdichado camino hacia ninguna parte.
El simbolismo ramplón que pulula por la película, con niños que hacen pompas de jabón que simulan la eterna burbuja bursátil o pirañas financieras que cuelgan en las paredes de su despacho autorretratos como Saturno devorando a su hijo, de Goya, es un ejemplo incuestionable de que a Oliver le sobra últimamente retórica y le falta discurso. Mal presagio si tenemos en cuenta que la omnipresencia incómoda de la banda sonora, o el desacertado montaje de las imágenes en Wall Street 2, ponen de manifiesto, además, que el realizador también está perdiendo las formas.
LO MEJOR: Michael Douglas y su repertorio de proverbios orientales.  

LO PEOR: Un final que podría estar perfectamente escrito por cualquier productor capitalista de Hollywood. Pero... “Todos tenemos nuestras contradicciones”. ¿Verdad, Oliver?

Más en twitter.com/NachoGay

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7 .- No puedo estar más de acuerdo con la crítica realizada. Estamos ante la debacle de Stone y sus ideas.

carlos4423

10/10/2010, 19:01 h.

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6 .- Muy entretenida, la recomiendo claramente. Una tesis doctoral sobre economia no es, ni falta q hace, pero es una buena pelicula, lo mejor del momento en mi opinion.

Perseo

10/10/2010, 10:20 h.

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5 .- Ayer tuve la ocasión de ver la película y realmente es poco recomendable.
Falta de ritmo, mezcla churras con merinas, explica el desarrollo de la crisis subprime y como el estado se ve obligado a tapar el agujero financiero generado por la especulación y falta de moral de los bancos, que exponen el capital de la ciudadanía para embolsarse grandes sumas en las primas.
Por lo demás nada que uno no sepa ya.
Flojita muy flojita.

ElTiodeLaVara

09/10/2010, 10:59 h.

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4 .- MENUDO BODRIO!!!!!!!!!!!!!!!
El comunista resentido Oliver Stone perdio el norte y el poco arte que le quedaba para hacer la rosca a satrapas como Castro y Chavez.
y mientras tanto se dedica a sacar estas porquerias emulando a su colega en el estercolero Michael Moore.

Fui a ver la pelicula despues de haber visto una vez mas Wall Street, la de verdad, con cierta ilusion.....menudo chasco

No hay guion, los actores son penosos, los dialogos absurdos, la historia va saltando de crisis en crisis sin ningunn hilo argumental, ademas dos horas y cuarto de toston

De la musica se ha hecho cargo Brian Eno y David Byrne.¡por Dios! que pena, no he oido nunca algo tan malo.¿como no se han jubilado ya? otro tiempo fue mejor

Lo unico que se salva es la ultima cancion, que tambien salia en la 1a parte, de Talking Heads "this must be the place"...pero para eso no hace falta ver la peli, tan solo tener el disco

Colombus

09/10/2010, 10:09 h.

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3 .- Si vais ver la pelicula, no la veais en castellano. La traduccion es pesima: "bonus" lo traducen por "prima", ... y en una comparativa "Main Street v.s Wall Street" lo traducen por "Calle Mayor v.s Wall St". PATETICO.
La pelicula tiene bastante "jargon financiero" y por lo tanto es recomendable verla en V.O.S

john_blutarsky

09/10/2010, 10:06 h.

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