Nunca pierde las formas y atiende a los reporteros que la esperan en la calle para preguntarle por cualquier aspecto de su vida personal sin alterarse. Incluso en los momentos más complicados de su divorcio mantenía el tipo. Y eso a pesar de que jamás ha querido protagonismo, ni siquiera en los muchos años que estuvo casada con Espartaco.
Patricia Rato lleva mal verse en los medios por cuestiones que en otras personas son habituales, como pueda ser salir con amigos. Un reportaje publicado en el último número la revista Lecturas, donde aparece en la calle con el empresario talaverano Javier Moro, ha vuelto a desquiciarla. “Es muy fuerte que no pueda salir con nadie, porque enseguida dicen que es mi novio, cuando no lo es, porque no lo tengo. Y me crea muchos problemas, porque son personas que no son conocidas, que llevan una vida normal, que tienen hijos, familia y les horroriza salir en la prensa. Me han fotografiado con primos, con los maridos de mis íntimas o padres de compañeros de mis hijos dando a entender que había algo más. Es terrible, porque dan una imagen de mí tremenda”, explicaba a Vanitatis la propia Rato, recordando lo mal que lo pasó cuando se rumoreó que podía tener más que una amistad con Francisco Rivera.
Lo mismo ha ocurrido en el caso de Javier Moro, al que acompañó a comprar unos regalos, como podría haber hecho con cualquier otro amigo. Al empresario no lo veía desde el mes de febrero y, por lo tanto, no hay una relación habitual entre ellos. Se conocieron el año pasado en noviembre, en una montería, y los presentó un amigo común y no Espartaco, como se ha dicho. Ese fin de semana todos los invitados que participaban en la cacería se instalaron en el parador de Zafra, incluidas Patricia y sus amistades. Allí compartieron tertulias, cenas y desayunos, como es habitual en las jornadas cinegéticas.
Según su entorno, después se vieron en un par de ocasiones. Una de ellas por casualidad, ya que coincidieron en un restaurante cada uno con sus respectivas familias. Eso es todo y no hay que darle más vueltas. Patricia está muy enfadada porque no se explica qué razón hay para dar a entender cosas que no son. Según parece, los paparazzi la han seguido durante estos últimos cuatro meses para ver si existía continuidad en las salidas con Javier Moro, desde el primer encuentro en Zafra. La tarde de compras fue la única vez, porque hasta ese día no habían vuelto a verse.
Por lo tanto, hablar de una amistad profunda no es real. Moro esta divorciado, tiene dos hijas y muy buena prensa en el ámbito empresarial. Su familia lleva desde principios del siglo XX vinculada a Talavera de la Reina a través de sus empresas de harinas. El padre inauguró en 1939, en la calle Trinidad, la primera fábrica, que con los años se trasladó al polígono Torrehierro, convirtiendo las instalaciones en una empresa puntera de Castilla la Mancha.
Los que tratan a Javier afirman que se trata de una persona excelente, educada, muy comprometida socialmente, sin pareja, aunque estuvo a punto de casarse hace un año y medio. Seguramente podría ser un excelente amigo si no fuera por la vertiente mediática que tiene Patricia y que tanto interfiere en su vida privada.