@Paloma Barrientos - 21/05/2010

La separación de Espartaco y Patricia Rato ya es una realidad. Y como ocurre en todos los divorcios que no son de mutuo acuerdo, los daños colaterales ya se han dejado sentir en esta pareja que hasta ahora resultaba modélica. Pero como la vida no es un cuento de hadas, el proyecto de vida que comenzó hace dos décadas ahora se ha visto truncado.
La supuesta relación del torero con Macarena Bazán ha sido el detonante. Lo llamativo de esta situación es que hubo terceras personas a las que les interesó en un momento dado que se conociera la existencia de Macarena. Puede ser que para hacer daño mediáticamente al torero ante la imagen impecable que siempre ha presentado como cabeza de familia feliz.
En el caso de Patricia siempre ha tenido un perfil bajo en cuestiones mediáticas. Así lo quiso y así lo quiere seguir manteniendo como explicó en la sede del Club Siglo XXI donde acudió a la conferencia que dieron Curro Romero, Ponce y Alfonso Ussía. Las cosas no han salido como se plantearon.
Espartaco no ratificó en el juzgado el convenio regulador que sí había rubricado ante notario el 2 de marzo. Parece que el acuerdo se resume en cuatro páginas nada desfavorables para el torero y donde no hay división de patrimonio y sí la petición del domicilio familiar de Sevilla y Madrid hasta que los hijos sean mayores de edad e independientes económicamente.
Por razones que se desconocen, lo que en principio iba a ser un divorcio “amistoso” no ha sido así y la situación familiar resulta complicada. Uno de los primeros daños colaterales tiene que ver con la Primera Comunión del hijo pequeño. En principio se había acordado que se celebrara en el campo pero no se llegó a un acuerdo. Se retrasó e incluso se pensó celebrarla en terreno neutral. En Madrid, donde vive la familia de Patricia, e incluso en Roma, en la iglesias de los trinitarios. A día de hoy ambas opciones se han cancelado. Por el momento no hay fecha aunque no estaría mal que la pareja retomara el diálogo. Cuando el amor se acaba, es bueno sustituirlo por cariño y respeto.